Esta iglesia es una de las siete parroquias que llegó a tener el pueblo en la Edad Media. Es un edificio barroco que se comenzó a construir en 1729, tras la ruina del templo anterior, del siglo XIII. Se encuentra a las afueras de la localidad, rodeado por un hermoso jardín que dispone de una fuente de tipo cascada, lugares de recreo para los más pequeños y buenos bancos para el descanso. Al atardecer, algunos vecinos disfrutan del paseo y de la tranquilidad del lugar.

Iglesia de Santa María de La CuestaConsta de tres naves, separadas en tres tramos por pilares cruciformes. Las naves menores llevan bóveda de lunetos, mientras que la nave central presenta una cúpula sobre pechinas en el cimborrio. El camarín contiene restos de pinturas, realizadas en 1740. El exterior es austero y equilibrado. Está construido con sillares de piedra y presidido por un amplio soportal de altísimas columnas, que se cierra con una hermosa reja forjada en hierro. En el ábside, de robusta factura, se puede apreciar una imagen de la Virgen realizada en azulejo.

En su interior destacan dos retablos barrocos, siendo el del altar mayor obra de 1788, realizada por Felipe Durán. Este retablo recoge la talla románica de la Virgen de la Cuesta, de gran valor artístico. La tradición señala que fue ocultada por la gente del lugar para librarla de las incursiones musulmanas y que, en el siglo XVII, fue encontrada por un labrador que araba la tierra. La imagen fue trasladada a una de las cinco ermitas que entonces había en el pueblo, pero regresaba milagrosamente una y otra vez al sitio donde fue hallada, solicitando así la construcción de un templo propio.

La pieza posee una composición simétrica, como corresponde a la iconografía del trono de Dios, en el que María se dispone sedente sobre un banco sin respaldo, frontal y con los brazos y piernas en ángulo recto y paralelos. En la mano derecha porta una manzana, en clara alusión simbólica a la nueva Eva que ella representa. En el centro del regazo está colocado el niño, que bendice con los dedos de su diestra y sujeta con la mano izquierda un libro abierto. Porta corona y túnica, bajo la que deja ver sus pies descalzos. La indumentaria de la Virgen se compone de túnica, velo ceñido a la cabeza con una estrecha corona y manto abrochado bajo el cuello que cae hacia los lados de forma simétrica. Bajo el borde inferior de la túnica asoma el típico calzado puntiagudo característico de estas imágenes. Las dos figuras se muestran hieráticas y distantes, excluyendo toda comunicación entre ambas.

La obra fue restaurada con motivo de la exposición de Las Edades del Hombre, celebrada en la catedral zamorana en el año 2001. Los rasgos tipológicos de la pieza corresponden a los modelos desarrollados durante los últimos años del siglo XII y principios del XIII. 

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